RELACIONES INTERGENERACIONALES EN EL MUNDO DEL TRABAJO: MEMORIAS E IDENTIDADES PERSONALES Y COLECTIVAS 1980-2007

Mònica Analí Re

Resumen


Este artículo da cuenta de la investigación realizada para analizar el mundo laboral de las mujeres trabajadoras jóvenes y adultas entre 1980-2007 proponiéndose una serie de supuestos, debates y cuestionamientos para que alcance un sentido social. Para visibilizar a las mujeres jóvenes y adultas como actores sociales se advierten complejas relaciones de poder en el entramado de un conjunto de redes sociales y territoriales, tratando de construir su propio espacio de participación, reconocimiento y aceptación, a partir de sus emprendimientos laborales, ello ha contribuido a construir sus propias historias de vida. Los estudios de la sociología interpretativa, la antropología y los estudios de las mujeres aportaron a los supuestos de la historia oral reconstructiva o la evidencia de que estas relaciones intergeneracionales están plenas de las riquezas de sus recuerdos, experiencias y trayectorias laborales. Así, a cada generación se la estudió desde una visión pluridimensional, en cada campo de la vida social de una u otra generación, desde el ámbito laboral, sus trayectorias particulares, y la dinámica intra-extrafamiliar, las cuales son dimensiones que permiten identificar elementos que puedan pensarse luego desde el campo de las redes sociales y territoriales.

De los grupos generacionales de las mujeres jóvenes y adultas, se advierten los siguientes ejes analíticos:

  • Las formas, tipos y modo de comportamientos percibidos por cada grupo generacional respecto de sus interrelaciones laborales.
  • Las expectativas de progreso laboral de cada grupo. El papel de la educación, en el campo de la historia laboral y del trabajo actual en esas expectativas.
  • Las pautas familiares sobre el tipo de trabajo que realizan o realizaron, entre subordinación-autonomía vistas desde los vínculos entre las dos generaciones, y los valores asociados a lo personal.
  • El aprendizaje del comportamiento social, en relación con habilidades, y las pautas existentes de interacción cotidiana.
  • Nivel de identidad, como una práctica transformadora desde una lógica de la diferenciación, individuación y de temporalidad, con participación y compromiso social.

Se formulan las siguientes preguntas:

  • ¿Cómo se plantean en cada generación las transferencias de recursos económicos, sociales y culturales en el mundo laboral de mujeres jóvenes y adultas, para poder generar bienestar y desarrollo en un territorio?
  • En el mundo laboral de las mujeres ¿existe poder entre una generación y otra que conlleve algunos obstáculos intergeneracionales? ¿O más bien beneficios?
  • ¿Cómo se construye la identidad colectiva e individual en cada generación? ¿Existe alguna relación entre identidad individual y colectiva entre generaciones? ¿Cuáles son las experiencias comunes que relatan las mujeres jóvenes y adultas? ¿Qué aspectos comparten y cuáles se diferencian de esas experiencias?

 

Las relaciones intergeneracionales de mujeres jóvenes y adultas en el mundo laboral permiten descubrir el espacio contingente en el que las mujeres habían sido social y subjetivamente colocadas, desmontando una pretendida naturalización de la división sexual del trabajo, lo que contribuye a revisar la exclusión en lo público y su sujeción a lo privado: en el espacio público se produce el principio de individuación como categoría ontológica y política. En cambio, el espacio privado es el espacio de lo que no se ve ni es objeto de apreciación pública. Es, según Celia Amorós (2012, p. 25), el espacio de la indiscernibilidad; es decir, de las idénticas, al no existir “nada sustantivo que repartir en cuanto poder ni en cuanto prestigio ni en cuanto a reconocimiento, porque son las mujeres las repartidas ya en este espacio”. De tal manera que al no prevalecer la competencia no existen parámetros objetivos para discernir diferencias, ni una razón suficiente de discernibilidad que produzca individuación.

En este contexto, las relaciones intergeneracionales de mujeres en el mundo del trabajo actual, han contribuido a consolidar un proceso de visibilidad en la organización económica. Los sujetos, las familias y los espacios de interacción de las actividades laborales son los puntos de referencia para comprender, a través del estudio en casos, un componente más de los procesos socioeconómicos. La unidad doméstica se ubica en un nivel de análisis complementario y distinto para dar cuenta de las continuidades y quiebres en el mundo laboral, si se estudia el marco social y colectivo. El grupo doméstico y los roles económicos están en relación con el condicionamiento según el sexo, la edad y las destrezas o la especialización que tengan sus miembros; esto determina la posibilidad de adaptación a nuevas situaciones de trabajo y empleo.

El estudio de las redes locales se realiza desde los individuos, la familia o el barrio que permiten observar cómo funcionan –articulándose de manera horizontal– tanto en las condiciones y los modos del trabajo, como en la heterogeneidad de las formas de producción y de distribución de los productos. Las mujeres son las que tienen un lazo social en estas estrategias de supervivencia y su organización interna está dominada por reglas de organización de grupo, relaciones de mujeres que luchan por reivindicaciones específicas a través de lazos de solidaridad y horizontalidad, sentido comunitario y de relaciones más democráticas.

Además, la intensidad horaria del trabajo resulta decisiva como emergente de la relación trabajo doméstico-trabajo extra doméstico. En el caso de las mujeres jóvenes y adultas, parecería indicar que las mujeres se insertan laboralmente, reduciendo su jornada de trabajo extra-doméstico en función de responsabilidades domésticas, o articulando la actividad laboral de jornada más extensa al interior de la dinámica de la unidad doméstica. En el marco de la gradación de los niveles de ingresos, las mujeres se presentan sistemáticamente por debajo de los varones, pero es de notar que la mayor disparidad se localiza en la esfera de la inserción asalariada formal/informal al interior del ámbito más típicamente formalizado; es decir, en las unidades económicas del modelo capitalista empresarial de mayor tamaño, especialmente las adultas respecto de las jóvenes.

La participación de las mujeres en los distintos agrupamientos en los hogares femeninos pone en evidencia la heterogeneidad interna, tanto desde la perspectiva estructural general como desde el enfoque de género. Es al interior de estos dos grandes organizadores: el campo independiente y el asalariado, donde los selectores de la condición de género tienen implicancias más potentes. El perfil de las mujeres insertas en uno y otro ámbito responde a diferencias en cuanto a estructuras etarias, a roles al interior de las unidades domésticas, a niveles educativos, a la intensidad en el ejercicio de la actividad laboral, a los sectores económicos involucrados, a las calificaciones detentadas y a los ingresos derivados de la inserción laboral.

Algunas de las limitaciones socioeconómicas –de las relaciones intergeneracionales que ocurren en el mundo laboral– se deben a las diferentes visiones y acciones generacionales respecto de los problemas vitales –que se confrontan a nivel de la cotidianeidad– y que son producto de las relaciones micro y macroestructurales, a saber las siguientes:

  • La escasa integración de la instrucción y la experiencia social de cada generación con la práctica social cotidiana de los sujetos sociales;
  • Las dificultades de la construcción de una identidad individual, grupal, institucional y nacional que pase por la integración cultural dentro de la diversidad y la posibilidad de solución de problemas laborales, como modo de expresión de las potencialidades propias individuales y colectivas de las distintas generaciones.

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